La Complejidad Irreducible y el Diseño Inteligente

Este era originalmente parte de mi anterior entrada sobre el libro del Prof. Miller, pero al parecer me emocioné un poco y decidí partirla en una entrada separada. Y antes que leyendo entre líneas lleguen a ciertas conclusiones, les pido leer completamente el artículo.

Según la teoría de la Complejidad Irreducible, formulada por el Prof. Michael Behe, muchos de los complejos sistemas biológicos -como el flagelo de ciertas bacterias, el ojo y la cascada de coagulación de la sangre- no pudieron haber evolucionado de formas más simples o de predecesores “menos completos”, con la selección natural actuando sobre una serie de mutaciones aleatorias. En pocas palabras, el argumento principal dice que si a cualquiera de dichas máquinas se les quita alguna parte, pierden su utilidad biológica y, por lo tanto, no son lo suficientemente ventajosas como para ser preservadas por la selección natural. Esto, desde luego, implica que dichos sistemas tuvieron que haber sido diseñados en su estado actual por un ser inteligente, y no es de extrañar que sea la base la teoría del Diseño Inteligente, que no es más que una forma moderna de la tradicional Teoría Creacionista, modificada para evitar mencionar la naturaleza o la identidad del diseñador como manera de sobrepasar las prohibiciones de cortes norteamericanas de no enseñar la teoría del creacionismo como ciencia en las escuelas. Desde luego, todas y cada una de las argumentaciones de la Complejidad Irreducible han sido refutadas contundentemente con pruebas científicas.

Como muestra, podemos volver a los ejemplos mencionados, todos tomados de los ejemplos que el Dr. Behe mismo propone como sistemas irreducibles. Se ha demostrado que uno de los factores principales en el proceso de coagulación no se encuentra en las ballenas. Sin embargo, las ballenas utilizan el resto de partes para la coagulación, demostrando así que la premisa que un sistema es inutil sin alguna de sus partes es falsa. Los flagelos bacteriales, que requieren la interacción de cerca de 40 partes proteínicas han sido encontrados en algunas bacterias con hasta 40 proteinas faltantes, no indicando esto que su funcionamiento no fuese útil para el organismo. Igualmente, se ha dado una explicación plausible para la evolución del ojo.

Para aquellos que quieran una explicación más detallada sobre el tema, les recomiendo Finding Darwin’s God, por Ken Miller. Si quieren algo más resumido, acá les dejo un video de 2 horas de una charla del mismo profesor.

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Lo alarmante del asunto es que, aún cuando la teoría ha sido ampliamente desacreditada en el ámbito científico, algunas personas (como pude comprobar personalmente) aún la toman como forma de atraer gente a la religión señalando cómo la misma ciencia ha demostrado que la Evolución tiene fallas.

Para mi, esta teoría es otro claro ejemplo del argumentum ad ignorantiam de la existencia de dios (que conste que no lo menciono con la connotación negativa que salta a primera vista), donde se asume que algo es cierto simplemente porque no ha sido demostrado que sea falso y donde se utiliza la falta de evidencia para un punto de vista como prueba para demostrar otro punto de vista. Ha sido claro durante la historia que dicha forma de “prueba” tarde o temprano termina cediendo al conocimiento humano -de lo contrario, todavía serían válidas las aserciones que Ra y sus barcas son los responsables que el sol se mueva a través del cielo, luego de haber derrotado día a día a Apofis; que Poseidón (o Neptuno) es el responsable por terremotos (sí, no solo era el dios de los océanos); o que Venus no es un planeta si no la personificación del dios Tlahuizcalpantecuhtli. Eso, claro, sin mencionar que el dios que nos creó en un instante pero dejó las huellas y la evidencia para hacernos pensar que todo había sido un proceso natural, es un dios charlatán, mago o mecánico, como le llama el Dr. Miller, en el que no me gustaría creer.

Es razonable pensar que en épocas donde el conocimiento humano estaba más en su infancia que ahora, se le atribuyera a un acto divino la creación de la tierra o el origen de las especies -miren a las mayores religiones de la historia y verán las historias correspondientes a cada uno de esos sucesos. Incluso algo que ahora le damos el nombre de “epilepsia” pudo haber sido fácilmente atribuido a una posesión demoníaca. Sin embargo, no es razonable que en nuestra época aún se tomen dichas historias literalmente y, más aún, que se intente desacreditar uno de las mayores teorías científicas de la humanidad en base a dichos relatos. En la cultura occidental ya pasamos por siglos de ejemplos de cómo ese tipo de pensamiento puede ser perjudicial para nuestro desarrollo como especie. Si siguiéramos en el oscurantismo, nuestra tasa de mortandad infantil sería mucho más alta y nuestra esperanza de vida mucho más baja. Eso, claro, sin mencionar la posible pena de muerte para aquellos que creemos que la tierra no es el centro del universo. Debo mencionar que no doy este ejemplo para juzgar a una religión por sus errores pasados, sino como un simple ejemplo más de por qué se debe aprender de la historia.

Los que me conocen bien saben mi respeto hacia las creencias de otros. Tuve la fortuna de vivir en una región mucho más diversa que la nuestra, donde el hinduismo, el islam y el judaismo, entre otros, eran mucho más fáciles de encontrar que en nuestro pais. De hecho, mis mejores amigos son fervientes creyentes de algunas de esas religiones. Lo que no tolero es el ataque que fundamentalistas realizan no solo a religiones con creencias diferentes, sino a aquellos que apoyamos una visión científica del mundo, muchas veces condenándonos a sus infiernos por no creer lo que ellos creen (y que, debo mencionar, tampoco es el tipo de dios tirano y vengativo en el que me gustaría creer).

Racionalmente, ni la ciencia puede demostrar la inexistencia de un dios (aún cuando muchos tratan a la ciencia como la asesina de nuestras deidades), ni la religión puede demostrar la existencia del mismo. Creer es un acto de fe, y, por definición, es valorar como cierto algo de lo cual no se tiene evidencia y que puede parecer imposible. Y de hecho son admirables muchas personas que viven por su fe e incluso han habido personas de fe que han hecho aportes importantes a la ciencia -tómese como ejemplo a Gregor Mendel. Sin embargo, así como sería ignorante de mi parte el decir que la Ciencia impide la creencia en un ser superior, no puede calificarse más que de ignorancia de parte de aquellos que utilizan su fe para atacar a quienes han decidido tener creencias diferentes. Ese es el tipo de “religión” del que estoy en contra: de aquella que no muestra más que ignorancia (y la felicidad de quedarse en ese estado), intolerancia y, en muchas ocasiones, incompatibilidad con sus propios principios, y no de aquella que le da a muchas personas un sentido a la vida, a sus acciones y las lleva a ser mejores seres humanos.

3 Comentarios

  1. José Manuel Says:

    Haga un pequeño esfuerzo mental: destierre temporalmente toda idea en la que subyaga intención religiosa, aunque… ¿no es el ateísmo una religión misma? Pues bien, sigamos: esforcémonos en considerar la hipótesis de trabajo (no teoría) de la evolución. ¿No habría que contextualizarla históricamente ya que el método científico NO es ajeno a su contexto socio-cultural? Los mismos que afirman que el Diseño Inteligente no es una ciencia, ¿se atreverían a afirmar que la selección natural SÍ lo es?

  2. José Manuel Says:

    También es importante considerar la siguiente cuestión. A partir de aquí hemos de seguir cuestíonando.
    “Las características sanguíneas de cada especie están notablemente adaptadas al ambiente y los particulares hábitos de vida. Es lógico que animales que deben soportar hábitats tan diferentes difieran también en sus órganos y sistemas expuestos a tales medios. La cuestión es qué pasos fueron necesarios para pasar de un sistema a otro y si la selección natural de las mutaciones al azar es capaz de explicarlos sin ambigüedades.” (P.D.DOMINICAL)

  3. Humberto Sermeno Says:

    José Manuel,

    De hecho pediría que realizara el mismo ejercicio mental (porque mucho esfuerzo no requiere) de desterrar cualquier intención religiosa de este artículo, ya que su contenido no infiere de manera alguna que yo sea un ateo y mucho menos niega la existencia de un ser superior. Esto trato de aclararlo donde digo:

    “Sin embargo, así como sería ignorante de mi parte el decir que la Ciencia impide la creencia en un ser superior, no puede calificarse más que de ignorancia de parte de aquellos que utilizan su fe para atacar a quienes han decidido tener creencias diferentes.”

    De hecho, el pasar de aseverar que se apoya una visión científica del mundo a que se es una persona atea es un salto que, lastimosamente en nuestras sociedades religiosas, se asume como cierto inmediatamente, aún cuando no es una inferencia lógica válida. De hecho, si vio el video de la conferencia de Ken Miller, quien es el principal opositor del diseño inteligente, se habrá enterado que él es un devoto Cristiano.

    Luego de las aclaraciones, respondo sus preguntas.

    Claro, como toda actividad humana, incluyendo a la religión, la ciencia y el método científico no es ajeno a su contexto socio-cultural. Lo que caracteriza al método científico y lo saca de su contexto temporizado es que sus aseveraciones son constantemente enfrentadas contra la realidad de la naturaleza. Cuando una teoría surge para explicar algún fenómeno, dicha teoría es puesta a prueba por medio de experimentación o cuando se descubren nuevos fenómenos que le conciernen. Si la teoría no puede explicar los resultados o los fenómenos antes no conocidos, entonces sabemos que es necesario revisarla, modificarla e incluso descartarla. Es aún más drástica la respuesta cuando absolutamente todas las premisas en las que se basaba dicha teoría han sido demostrada como falsas. Este es precisamente el caso de la teoría (no la ciencia) del Diseño Inteligente, que sin connotación religiosa alguna, básicamente decía que habían cosas que la teoría de la evolución no podía explicar, específicamente los fenómenos que menciono en el artículo. La razón por la cual dicha teoría, como muchas otras dentro de la ciencia, ha sido descartada, es que no pasó el examen del tiempo. De hecho, tan solo un mes después de publicada la teoría se comenzaron a encontrar explicaciones para los hechos en los que se basaba. Su error fundamental había sido que intentaba demostrar algo a partir de la falta de evidencia en su contra, lo que es un error lógico fundamental.

    La teoría de la evolución (de la cual, debo aclarar, la selección natural es una ciencia sino uno de los procesos que la explica) ha sobrevivido a las pruebas lanzadas en los últimos ciento treinta años desde su concepción, donde los nuevos fenómenos descubiertos (incluyendo el descubrimiento de la estructura del ADN casi 70 años despues) no han hecho más que confirmar la validez de sus premisas. Y con esto no quiero decir que debe creerse ciegamente en la evolución (a diferencia de lo que se pide en otras instituciones humanas), para nada! El escepticismo es parte integral de la ciencia y si en algún momento se encontrara algo en la naturaleza que no pudiera ser explicado por la evolución, es una señal clara que la teoría necesita modificación o incluso, si la evidencia la contradice lo suficiente, que debe ser desechada. Lo único que digo es que hasta el momento eso no ha sucedido, por lo que es nuestra mejor explicación, en base a las observaciones de la evidencia fósil, la geología, la microbiología y muchas otras ramas de la ciencia (no solo la biología).

    La respuesta a si las mutaciones aleatorias pueden modificar lo suficiente a una especie como para adaptarse a su medio es posible observarla en la naturaleza día a día, con varios estudios documentados de cómo, en un período relativamente corto de tiempo, una especie puede cambiar gradualmente a otra con pequeños cambios genéticos.

    Normalmente se dice que “aleatorio” se refiere al proceso completo de la selección natural. De hecho, aleatorios son los cambios genéticos que ocurren en una especie, incluyendo los cambios que de nuestro mismo material genético modificado en el proceso de división celular transferimos a nuestros hijos. Lo que ya no es tan aleatorio es cuáles de esos cambios sobreviven a las siguientes generaciones, y eso, precisamente, es dictado por el hábitat en el que la especie se desenvuelve. El proceso es de prueba y error, teniendo significativamente muchos más errores que aciertos. Pero aquellos escasos cambios que hacen que un organismo se desenvuelva mejor en su ambiente son los que hacen más probable que dicho organismo transfiera esos cambios a su descendencia. Las modificaciones son graduales y las mutaciones que generan esos cambios ventajosos son relativamente escasos. Pero con suficiente número de individuos (como el caso de una población de bacterias volviéndose resistente a un antibiótico) o con suficiente tiempo, esos pequeños cambios se acumulan lo suficiente como para generar nuevas especies. Un error común es pensar en la evolución en términos temporales humanos, en cuyo caso sí, nosotros somos un resultado poco probable (no imposible) de la evolución… pero la evolución ha tenido miles de millones de años para llegar hasta nosotros.

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